En la Europa de las cruzadas, los juglares repartían versos al vulgo sobre osadías de grandes hombres valerosos, de batallas contra los infieles, del amor cortesano. Otros que sabían leer, con una vida cuaresmal, tratan de concebir a dios y su creación y la guerra desde los textos aristotélicos y desde los encierros monásticos. Mientras que en las orillas del Chatt-el -arab se deleitaba con otras historias. Además de las conocidas, y nunca bien contadas, Mil y una noches, se transmitía otros tipos de relatos que los occidentales no supieron apreciar, por eso su poca difusión. No son aventuras que comprometan el pellejo de sus personajes, no hay batallas, ni persecuciones, ni la pasión de dos amantes. Los relatos atraen al público por la simple belleza de su ciencia. Como es aquel cuento, que consta sólo en el diálogo entre el joven Kasib y su hermano Tarif, e inventan el numero cero. Otro narra la historia de un rey, Al-Zahir, que tenía un reino más extenso del globo y sus límites eran tres líneas rectas. La sorpresa para el rey, y sus sirvientes, era que los ángulos de este polígono no sumaban ciento ochenta grados.
El marino Faisal embarca hacia el sitio donde culminan los números naturales. Al barco sigue casi a la deriva, de puerto en puerto, haciendo para Faisal un viaje interminable. Y este viaje es la misma inacabada serie numérica. Luego de un paseo, el emir Abu-bekr por sus campos de naranjos (o portakal), decide descansar debajo de un árbol. Y ve caer un fruto delante de sus ojos, y este prodigio le hace pensar una ley sobre la atracción de los cuerpos según su masa. Por lo tanto el mito de origen occidental newtoniano tiene su fuente en esta historia oral de los árabes. Algunas antologías incluyen el episodio de Alejandro Magno en Anatolia y el Nudo Gordiano. La discusión eterna entre el príncipe Ibn–al Rabin y su consejero sobre cuántas mujeres debía tener en el serrallo. Mientras que uno decía convenir un número primo, el otro abogaba por un número par, pero dos doncellas no alcanzaban a colmar las pasiones de un príncipe.
Todas estas fábulas no dejan de ser alegóricas y cargadas de devoción religiosa. En todas se puede encontrar las referencias a Alá. Pues este pueblo consideraba que los números eran divinos y es con la luz de la perfección de los números que se podía llegar a conocer al Creador.
No cabe duda que de Mello y Souza (o Malba Tahan) se ha inspirado en esta tradición para el anecdotario de Beremiz Samir en O Homem que Calculava.
La historia mas conocida o la que prevalece es la occidental. ´´espejos´´ de galeano relata historias parecidas. muy bueno hatter!
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