sábado, 25 de diciembre de 2010

Exégesis psicoanalitica

El título puede remitir a una iluminada interpretación de algún texto sagrado de Freud o Lacan. Puede remitir a una ocurrente interpretación de un analista a su analizante. Pero nada de eso trataré ahora, pero no por esto me alejaré de eso. Más bien extraeré una parte de la Biblia para darle una lectura psicoanalítica, la intención de exégesis decantará en eiségesis. . Nada original. Haré como si el Génesis hubiese sido escrito por algún psicoanalista académico. Ay Dios, perdóname porque no sé lo que hago. Y también que me perdone la Internacional Psicoanalítica.
Historia conocida del primer libro de la Biblia. Dios creó el mundo en seis días y en el séptimo. Pero es digno de atención el lugar que tiene el hombre como centro de la creación. Pues Dios no lo creó junto a las demás fieras que habitan la tierra. Sólo a él le da indicaciones de qué debe comer y qué no. ¿Será que el ser humano no es un ser natural? ¿Será que el hombre con la entrada al lenguaje hace el paso de la naturaleza a la cultura?
Y con esto podemos ver algo referido a la sexualidad. El texto del primer libro pone en la voz de Dios “Sean fecundos y multiplíquense”. ¿Si eran seres naturales era necesaria tal aclaración? ¿Adán y Eva no sabían qué hacer con sus genitales? Yo creo que no sabían. Pues no se criaron en ninguna familia, y ellos iban a fundar esa institución. Es el Otro el que da nombre a las cosas, es el tesoro de los significantes. Es el Otro que con sus palabras pone orden en el cuerpo. Es a partir del Otro que pueda transmitir una ley, de lo que se puede y no se puede. Es gracias al Otro, que hay diferencia sexual, que haya hombre y mujer. Y Eva y Adán no tenían a otro, más que Dios, el Gran Otro, nunca mejor dicho. ¿Y quién es el Otro de Dios? No hay Otro del Otro.

Anacronismos IV - Otros síndromes

Síndrome de Gorostiaga: Es más común en los hombres que en las mujeres con una prevalencia del 80%. Los que tienen este síndrome tienen pie plano en ambas extremidades y tienen ojos marrones. Sufre de problemas gastrointestinales, como acidez o vómitos, provocados por la ingesta de bebidas alcohólicas
Síndrome de Vallejo (o del tercer tiempo): Se diagnostica por igual en ambos géneros a mayores de 15 años. Los síntomas patognomónicos se ven luego de hacer ejercicio aeróbico. Estos síntomas son estornudos y picazón en una o ambas orejas. Si estornuda hasta cinco veces es de tipo I, si es más es de tipo II. No necesita tratamiento médico.
Síndrome de Etcheverry: se diagnostica solamente a varones mayores de 18 años. Estos tienen principalmente un trastorno en el habla. Su velocidad del habla es rápida, siendo así que muchas veces no se entienda lo que diga, además por su precariedad en la pronunciación. Seguramente se debe a que el curso de su pensamiento es más rápido de lo normal y no logra la sincronización con el habla. Además acompaña su discurso con gestos de la mano tratando de dar más sentido a lo que dice.
Síndrome de Euler: sus síntomas son dolor de garganta, temperatura corporal mayor a 38 grados, irritación en los ojos y sordera. No sufre trastornos del carácter, ni en la esfera de la conducta basal.
Fuente: "¡Qué mal me siento!" de Augusto Vallejo

jueves, 7 de octubre de 2010

Anacronismos III - Síndrome de Korn-Birman

Historia
Lleva el nombre de Friedrich Korn y Max Birman, psiquiatras alemanes de la segunda mitad del siglo XIX, quienes lo han aislado de otras enfermedades. Se lo ha encontrado en las nosologías de Kraepelin anteriores a 1901.
En la CIE 6, lo incluía, pero en la siguiente edición y sus reelaboraciones del DSM se lo dejó de lado. Se orientaría a un trastorno del segundo eje que plantea el manual. Si bien el recorte del cuadro fue de los alemanes nombrados, anteriores médicos como Linneo en Genera Morborum (1763) la incluía en su clasificación de las enfermedades con algunas variantes en los signos, al igual que Weickhard en Der Philosophische Arzt (1790) en su apartado sobre las enfermedades del espíritu.
Semiología
Los síntomas de Korn-Birman son floridos, pero tenues. En los primeros años del individuo en el área del lenguaje sufre trastornos que se van desvaneciendo con el progresar del tiempo. Parte de un mutismo y continúa con algo similar a la afasia. Por ejemplo conjuga mal los verbos y se le dificulta la pronunciación de algunas consonantes como la “erre”. Muchas veces comprende lo que le dicen pero no logra expresarse correctamente como una forma de los trastornos semánticos. En alrededor de los cuatro años de edad hay una remisión de estos síntomas. Agregan los autores que en la primera infancia existe en los varones un apego extraordinario hacia la madre, y al padre en los caso de las mujeres. Otra conducta anormal del niño con el síndrome es la dedicación total a lo lúdico.
El adulto que padece el Síndrome de Korn-Birman, no tiene afecciones aparentes en el sistema nervioso. Pero padece de ciclados del estado de ánimo. En el mismo día puede mostrarse triste y desganado por la mañana y alegre por la noche, o viceversa. Algunas situaciones laborales los pueden irritar. Suele disfrutar de las reuniones sociales, pero a veces siente la necesidad de estar solo. Ante la pérdida de un ser querido ya sea por muerte o separación, el individuo cae en un estado de tristeza profunda que con el transcurrir del tiempo se recupera.
En la historia se conoce varios personajes que padecieron el síndrome de Korn-Birman. Entre ellos Carlos Luis Napoleón Bonaparte, Charles de Baudelaire. Se le diagnosticó a Cosima, antes de contraer matrimonio con Richard Wagner. No se ha encontrado, ni se ha investigado, una terapéutica, tanto psicológica como farmacológica. Quien tiene este síndrome debe llevar el padecimiento consigo hasta la muerte.

martes, 26 de enero de 2010

Anacronismos II - Otros cuentos del Oriente Medio

En la Europa de las cruzadas, los juglares repartían versos al vulgo sobre osadías de grandes hombres valerosos, de batallas contra los infieles, del amor cortesano. Otros que sabían leer, con una vida cuaresmal, tratan de concebir a dios y su creación y la guerra desde los textos aristotélicos y desde los encierros monásticos. Mientras que en las orillas del Chatt-el -arab se deleitaba con otras historias. Además de las conocidas, y nunca bien contadas, Mil y una noches, se transmitía otros tipos de relatos que los occidentales no supieron apreciar, por eso su poca difusión. No son aventuras que comprometan el pellejo de sus personajes, no hay batallas, ni persecuciones, ni la pasión de dos amantes. Los relatos atraen al público por la simple belleza de su ciencia. Como es aquel cuento, que consta sólo en el diálogo entre el joven Kasib y su hermano Tarif, e inventan el numero cero. Otro narra la historia de un rey, Al-Zahir, que tenía un reino más extenso del globo y sus límites eran tres líneas rectas. La sorpresa para el rey, y sus sirvientes, era que los ángulos de este polígono no sumaban ciento ochenta grados.
El marino Faisal embarca hacia el sitio donde culminan los números naturales. Al barco sigue casi a la deriva, de puerto en puerto, haciendo para Faisal un viaje interminable. Y este viaje es la misma inacabada serie numérica. Luego de un paseo, el emir Abu-bekr por sus campos de naranjos (o portakal), decide descansar debajo de un árbol. Y ve caer un fruto delante de sus ojos, y este prodigio le hace pensar una ley sobre la atracción de los cuerpos según su masa. Por lo tanto el mito de origen occidental newtoniano tiene su fuente en esta historia oral de los árabes. Algunas antologías incluyen el episodio de Alejandro Magno en Anatolia y el Nudo Gordiano. La discusión eterna entre el príncipe Ibn–al Rabin y su consejero sobre cuántas mujeres debía tener en el serrallo. Mientras que uno decía convenir un número primo, el otro abogaba por un número par, pero dos doncellas no alcanzaban a colmar las pasiones de un príncipe.
Todas estas fábulas no dejan de ser alegóricas y cargadas de devoción religiosa. En todas se puede encontrar las referencias a Alá. Pues este pueblo consideraba que los números eran divinos y es con la luz de la perfección de los números que se podía llegar a conocer al Creador.
No cabe duda que de Mello y Souza (o Malba Tahan) se ha inspirado en esta tradición para el anecdotario de Beremiz Samir en O Homem que Calculava.